lunes, 31 de marzo de 2014

El Mago

Aun en los tiempo duros, esos que arañan el alma y dejan perpetuas cicatrices, Estrella conservó esa cegadora luz de esperanza que le impedía ver las heridas del tiempo. La muerte de Padre y la enfermedad de Madre habían hecho del Chache, su hermano, un nuevo padre a pesar de sus 14 años.

Chache llevaba siempre puesta la careta de felicidad para que Estrella viviera una infancia; no sabía si buena o mala, pero que, al menos, tuviera ese trinchera donde refugiarse en las malas rachas que, a buen seguro, vendrían. Y aquel día, como parte de esa estrategia de infancia, cuando vio bajar al hombre extraño con una maleta que llevaba la palabra “Mago” escrita y una chistera en su cabeza, no le cupo la más mínima duda de lo que debía hacer: Correr a casa a buscar a Estrella.

-          Corre Estrella vístete que nos vamos a la plaza

Estrella, con infinita ternura, acabó de dar la cucharada de sopa a su madre y preguntó que había en la plaza para tener tanta prisa.

-          Tú vístete que vas a ver Magia.

“Magia”, que bien sonaba y los ojos negros como el tizón se le llenaron con chispas de vida, le dio un beso a su madre y fue a la habitación a cambiarse.

Llegaron a la plaza y se sentaron en la primera fila mientras el Mago  preparaba el espectáculo. Vieron cómo iba ordenando el escenario, cómo disponía en un caótico orden, que sólo él podía conocer,  objetos que trataba como si fueran sagrados pero que, para el profano, no dejaban de ser cosas cotidianas.

El Mago levantó la mirada y de su cara, golpeada por la tristeza, parecía imposible que saliera una sonrisa; pero él era Mago y hacía cosas imposibles. Clavó la sonrisa en los ojos de Estrella quien se sintió avergonzada y un temblor recorrió su cuerpecito, delgado y frágil, dándole un fuerte apretón a Chache. Este, destilando cariño por cada poro de su piel, la miró y le dijo:

-          Tranquila Niña que todavía te queda mucho por ver.

Una hora después el espectáculo empezó y los momentos mágicos se sucedieron uno tras otro. Estrella fue incapaz de cerrar la boca un solo segundo, ni de parpadear y existen serias dudas sobre si fue capaz de respirar. Chache no dejó de mirarla y, solo cuando una lagrima salto de sus ojos rondando lenta y acuosa por su mejilla, apartó la mirada de su Niña para evitar que ella lo viera y pudiera confundir felicidad con tristeza.

El Mago pronunciaba extrañas palabras que nadie escuchaba embelesados, como estaban, en los objetos que viajaban a lugares desconocidos y volvían a la realidad cargados de una energía mágica,  desconocida para ellos y para los más reputados científicos, pero no para Estrella.

Los trucos - contados con mágicas historias que te transportaba junto a los objetos - se sucedieron uno tras otro como si el truco más perfeccionado del mago fuera la capacidad de parar y acelerar el tiempo a su antojo. En uno de los juegos se dirigió a Estrella con esa sonrisa que todos veían pero que solo Estrella pudo entender.

-          Sube Princesita y dime como te llamas

Estrella estaba flotando encima del escenario, nunca había visto el mundo desde ahí pero estaba segura que nadie veía lo que ella estaba viendo en ese momento: un mundo de luz con tantos colores que cegaban la luz negra que su vida desprendía. Miró a su hermano, fuente de toda la luz, y respondió tartamudeando:

-          Me llamo Niña – la gente rió, pero ella estaba mirando a su hermano y lo demás le importaba bien poco - Bueno así me llama mi hermano, pero los demás me llaman Estrella.

La gente del pueblo estaba sorprendida de que la Niña, callada y tímida como era, hubiera dicho tres palabras seguidas y, además, encima de un escenario.

-          Y tú ¿cómo quieres que te llame?
-          Princesita, quiero que me llame Princesita – dijo sin dudar

El Mago hizo firmar y romper una carta a la Princesita - quien con dedos temblorosos lo hizo – quedándose ella con el trozo pequeño del naipe. Le hizo elegir un limón entre los que había en la mesa, y eran muchos, y le hizo partirlo para ver que en su interior…no había nada. La gente se rió y lo abucheó mientras él le susurraba:

-          El mundo está lleno de magia Princesita, quizá encuentres el trozo que falta en algún lugar donde te sea mas necesario.

Los dedos del Mago acariciaron suavemente la melena de Estrella quien se fue cogida de la mano de Chache hacia casa para preparar la cena a su madre.

Antes de empezar a hacer la cena fue al cuarto a cambiarse y cuando se quitó la camiseta algo que estaba entre su pelo cayó al suelo. Se agachó, vio que era la carta y fue corriendo a buscar a su hermano. Con lágrimas en los ojos le enseñó  la carta gritando de alegría:

-          Funcionó, funcionó!!!



Chache, con la una luminosa y dulce sonrisa le dijo:

-          Ves como el mundo empieza a ser un poco mas mágico mi Niña

El tiempo y los años caminaron con su monótono ritmo normal sin que trascurriera un solo día en el que Estrella no se pasara la palma de la mano por su negra melena y sintiera los dedos del mago. Cada noche,  mientras estudiaba su carrera de Derecho, acariciaba los rizos justo donde había aparecido la carta.

Unos días después de acabar la carrera - que Chache había animado a que hiciera haciendo maratonianas jornadas para podérsela pagar y sacar adelante a su familia - este murió por un golpe definitivo de esa vida que lo golpeó una y otra vez, y una y otra vez se pudo levantar, pero esta vez se quedó sin fuerzas tras luchar días y días. Estrella abrazó a su sobrina, Diana, durante horas,  no se soltaron de la mano durante días y no se separaron nunca.

Al día siguiente de la muerte de Chache, Diana le pidió a Estrella que le llevará a ver “donde duerme papa” y Estrella la llevó. Compraron una rosa, una única rosa roja, y se acercaron al cementerio. Mientras Diana se ponía de puntillas para dejar la rosa en el nicho de su padre, ambas oyeron una voz detrás de ellas.

-          Hola Princesita

Estrella se dio la vuelta y solo pudo ver el perfil del Mago que se acercaba hacia Diana, lentamente le tomó la rosa de sus manitas frías y la convirtió en una paloma que salió volando para posarse junto a la tapia del cementerio y mirar a los tres desde la lejanía.

-          Ella vigilará que a tu papá no le pase nada.

Antes de irse le besó la frente a Diana, se levantó y se acercó hacia Estrella acariciándole los rizos. Cerró los ojos y por un momento volvió a aquel escenario con el Mago cambiándole la vida, haciéndosela mágica y regalándole la mirada de su hermano, la misma mirada que ahora tenía Diana. Abrió los ojos y solo estaban ellas dos y el suave perfume que dejó el Mago al desaparecer.

Ninguna de las caricias de los hombres a los que había amado pudo jamar dejar ese aroma que le dejaron entre sus rizos los dedos del Mago. Hasta que conoció a Carles, cuyas caricias envolvían los dedos del Mago y ambos acariciaban su alma intentando cicatrizar las heridas.

Con Carles vivió momentos felices, llenos de confidencias, pero nunca jamás se atrevió a contarle que por la noche, antes de dormir, se acariciaba los rizos y pensaba en una carta y una paloma que vigilaba a su hermano.

Hablaron de sus familias. Estrella le habló de su hermano y Carles de un padre al que ya  solo podía ver en los momentos importantes, pero que siempre sintió que estaba junto a él.

Llegó el momento en que Carles y Estrella decidieron casarse y ella pidió que contrataran un Mago para entretener a los niños, y a los adultos, durante el banquete. Carles se lo prometió:

-          Tendrás el mejor, pero tienes que decirme que tipo de Magia quieres que haga.
-          De la que te hace sonreír.

Durante los preparativos de la boda ella soñaba con que fuera su Mago quien apareciera en el banquete y que su sobrina mirara con los ojos brillantes como desaparecían cartas y como volvía a aparecer la inocencia en los adultos.

El día de la boda, en un precioso jardín donde el invitado principal parecía ser el jazmín, se celebraba la boda y, ante el retraso de algunos invitados, se llamó al mago para que hiciera más breve la espera. El mago vino pero no era Su Mago, y mientras ella miraba los trucos y a los niños pedir ser voluntarios para el siguiente truco oyó detrás de ella una voz

-          Hola Princesita

Estrella se dio la vuelta y mientras recuperaba el aire y volvía de esa infancia que Chache le había dado, de la sonrisa de Carles salió:

-          Hola Padre

El Mago vio rodar una lágrima por la cara de Estrella, con la suave caricia de uno de sus dedos impidió que cayera al suelo y sintió como la lágrima de Estrella acariciaba su propio dedo a medida que se deslizaba por él. La besó en la mejilla y le acarició los rizos.

- Convertir una lágrima en un beso es el mejor de los trucos que jamás he hecho.



jueves, 28 de noviembre de 2013

Discursos de Kennedy (1960-1963). Exquisito Bocado

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El Caníbal pensaba comer algo de sushi y se está dando un atracón de hamburguesa. El Caníbal tenía intención de pasar un simple rato leyendo los discursos de Keneddy, su redacción y creación y es ahora El Caníbal quien se ve engullido por la personalidad política de JFK, su visión de futuro y su mirada alta y el paso corto.

Con este - libro Discursos (1960-1963) Una Presidencia Para la Historia,  escrito por Salvador Rus Rufino - ha descubierto que JFK era mucho más que un Presidente al que mataron en Dallas. Ha descubierto muchas cosas.

Ha descubierto que era un Gran Estadista: Un visionario, un líder, alguien que supo leer su tiempo y, lo más importante, supo interpretar el futuro.

Ha descubierto a un político que supo usar los medios a su alcance para alcanzar sus objetivos. Un político que supo ver el futuro en la televisión, la radio, la demoscopia y un equipo profesional identificado con su líder y su visión. Todo supo mezclarlo con su carisma y susurrar, desde un atril,  a cada votante aquello que quería oír. Profesionalizó las campañas sin deshumanizarlas, algo que nuestros políticos – politiquitos – solo hacen en una (pequeñísima) parte: ni siquiera son capaces de hacer una campaña que supere mínimamente la mediocridad; sería injusto por nuestra parte pedirles, además, que la humanicen.

Un personaje que escribió dos influyentes libros antes de llegar a ser Presidente, justo en estos días que nuestros ex presidentes escriben libros totalmente prescindibles.

Dos libros que lo encumbraron como intelectual - cuando esta palabra tenía prestigio - y ponderado analista político e histórico. Dos libros en el que los ciudadanos podían saber cómo pensaba y actuaba aquel al que iban a votar. (Que diferencia con nuestros ex presidentes que los utilizan para justificarse y, de paso, engordar sus cuentas corrientes y nosotros, los ciudadanos, deseando leer el libro sobre Belén Esteban.  Aquí penamos todos.)

El Caníbal ha podido comprobar el grado de excelencia alcanzado por sus colaboradores en la redacción del discurso culminado, con más excelencia si cabe, con la escenificación última del mismo: oratoria, gestualidad, complicidad y, sorpréndanse, responsabilidad.

Es cierto y justo decir que cometió errores, y algunos del bulto, pero se trata de glosar la personalidad política de Kennedy no su presidencia. Para eso están las opiniones y los libros de historia.

Se le puede achacar al libro, y se lo achacan, una falta de profundidad en su desastrosa vida personal y sentimental. El Caníbal, que buscaba un libro donde poder comprender la figura política de JFK, le ha traído al pairo esta ausencia. Es más, la agradece.

No puede El Caníbal si no recomendar tres cosas:

·         Leer este libro

·         Volver a ver El Ala Oeste de la Casa Blanca

·         Visitar la web de JFK para conocer material extra y, una vez leído y contextualizado un discurso en el libro, ver como materializaba su magia JFK delante del público; fuera este el que fuera.

 Ahora puede decir El Caníbal que entiende porque JFK fue un presidente que marcó una generación entera a pesar de solo 3 años de presidencia.

Muérdanle a este libro aquellos apasionados por la política y absténganse aquellos políticos que no les guste verse reflejados en espejos ajenos.

 

martes, 8 de octubre de 2013

Pequeños bocados de Tu Rostro Mañana


En Caníbal devora todo lo que le rodea y lo acompaña bebiéndose la vida.

Se nutre de literatura: Buena, mala, regular y otras lecturas inclasificables.

Salta y tararea con el rock o trata de averiguar qué tipo de almas eleva la música clásica y si dicha elevación no será más que una impostura frente al mundo. Aunque El Caníbal reconoce que nada ha conseguido jamás que su alma emita un leve latido y, ni mucho menos, elevarse con nada excepto con la inyección de poder que supone someter, matar y comerse a quien se oponga a sus designios.

Frecuenta locales donde se puede tapear arte moderno y encuentra ciertas tapas deliciosas y otras que no son más que auténtica mierda en bonitos recintos llamados museos o galerías.

El Caníbal tiene vicios tan inconfesables como tomar dosis diarias –quizá demasiado altas – de política mundial, nacional y, quizá la más tóxica de todas, local.

Pero estos días el días El Caníbal se ha atragantado, lo hace muy a menudo, con un gran plato literario: Tu Rostro Mañana construido, porque esa es la palabra, por su admirado Javier Marías de cuyos aperitivos disfruta cada dos domingos - el tercero suele flojear - en el suplemento semanal de El País.

Reconoce El Caníbal que tras tomar entre sus manos con desconfianza el volumen que contiene los tres libros que, realmente, forman la extensa obra y leer párrafos al azar debió pensárselo un poco más pero, de forma impulsiva, decidió invertir los 15 € que cuesta en su edición de bolsillo.

La rutina diaria le obliga al Caníbal a que tras la cena – también se nutre y se nutre de carne y de carne humana ocasionalmente – tome como postre algunas hojas de la obra a modo de exquisito final. Dicho postre le resulta algo pesado en el disfrute y en la comprensión quizá debido a la falta de riego cerebral que la digestión ocasiona o, y esto es muy probable, a su escasa capacidad intelectual.

El antropófago prefiere placeres más mundanos y no largos párrafos, enrevesados en ocasiones y que se deben leer en dos o tres ocasiones para alcanzar el placer que debiera. Pero, les repito, el Caníbal es muy limitado.

Una cosa tiene maravillado al Caníbal: a pesar de haber leído escasamente 100 páginas y no acabar de arrancar la historia, día sí y día también, el Caníbal repite postre a la salud de Javier Marías.

A más ver.