Aun en los tiempo duros, esos que
arañan el alma y dejan perpetuas cicatrices, Estrella conservó esa cegadora luz
de esperanza que le impedía ver las heridas del tiempo. La muerte de Padre y la
enfermedad de Madre habían hecho del Chache, su hermano, un nuevo padre a pesar
de sus 14 años.
Chache llevaba siempre puesta la
careta de felicidad para que Estrella viviera una infancia; no sabía si buena o
mala, pero que, al menos, tuviera ese trinchera donde refugiarse en las malas
rachas que, a buen seguro, vendrían. Y aquel día, como parte de esa estrategia
de infancia, cuando vio bajar al hombre extraño con una maleta que llevaba la
palabra “Mago” escrita y una chistera en su cabeza, no le cupo la más mínima
duda de lo que debía hacer: Correr a casa a buscar a Estrella.
-
Corre
Estrella vístete que nos vamos a la plaza
Estrella, con infinita ternura,
acabó de dar la cucharada de sopa a su madre y preguntó que había en la plaza
para tener tanta prisa.
-
Tú vístete
que vas a ver Magia.
“Magia”, que bien sonaba y los
ojos negros como el tizón se le llenaron con chispas de vida, le dio un beso a
su madre y fue a la habitación a cambiarse.
Llegaron a la plaza y se sentaron
en la primera fila mientras el Mago preparaba
el espectáculo. Vieron cómo iba ordenando el escenario, cómo disponía en un
caótico orden, que sólo él podía conocer,
objetos que trataba como si fueran sagrados pero que, para el profano,
no dejaban de ser cosas cotidianas.
El Mago levantó la mirada y de su
cara, golpeada por la tristeza, parecía imposible que saliera una sonrisa; pero
él era Mago y hacía cosas imposibles. Clavó la sonrisa en los ojos de Estrella
quien se sintió avergonzada y un temblor recorrió su cuerpecito, delgado y
frágil, dándole un fuerte apretón a Chache. Este, destilando cariño por cada
poro de su piel, la miró y le dijo:
-
Tranquila
Niña que todavía te queda mucho por ver.
Una hora después el espectáculo
empezó y los momentos mágicos se sucedieron uno tras otro. Estrella fue incapaz
de cerrar la boca un solo segundo, ni de parpadear y existen serias dudas sobre
si fue capaz de respirar. Chache no dejó de mirarla y, solo cuando una lagrima
salto de sus ojos rondando lenta y acuosa por su mejilla, apartó la mirada de
su Niña para evitar que ella lo viera y pudiera confundir felicidad con
tristeza.
El Mago pronunciaba extrañas
palabras que nadie escuchaba embelesados, como estaban, en los objetos que viajaban
a lugares desconocidos y volvían a la realidad cargados de una energía
mágica, desconocida para ellos y para
los más reputados científicos, pero no para Estrella.
Los trucos - contados con mágicas
historias que te transportaba junto a los objetos - se sucedieron uno tras otro
como si el truco más perfeccionado del mago fuera la capacidad de parar y
acelerar el tiempo a su antojo. En uno de los juegos se dirigió a Estrella con
esa sonrisa que todos veían pero que solo Estrella pudo entender.
-
Sube
Princesita y dime como te llamas
Estrella estaba flotando encima
del escenario, nunca había visto el mundo desde ahí pero estaba segura que
nadie veía lo que ella estaba viendo en ese momento: un mundo de luz con tantos
colores que cegaban la luz negra que su vida desprendía. Miró a su hermano,
fuente de toda la luz, y respondió tartamudeando:
-
Me llamo Niña
– la gente rió, pero ella estaba mirando a su hermano y lo demás le importaba
bien poco - Bueno así me llama mi hermano, pero los demás me llaman Estrella.
La gente del pueblo estaba
sorprendida de que la Niña, callada y tímida como era, hubiera dicho tres
palabras seguidas y, además, encima de un escenario.
-
Y tú ¿cómo
quieres que te llame?
-
Princesita,
quiero que me llame Princesita – dijo sin dudar
El Mago hizo firmar y romper una
carta a la Princesita - quien con dedos temblorosos lo hizo – quedándose ella
con el trozo pequeño del naipe. Le hizo elegir un limón entre los que había en
la mesa, y eran muchos, y le hizo partirlo para ver que en su interior…no había
nada. La gente se rió y lo abucheó mientras él le susurraba:
-
El mundo está
lleno de magia Princesita, quizá encuentres el trozo que falta en algún lugar
donde te sea mas necesario.
Los dedos del Mago acariciaron
suavemente la melena de Estrella quien se fue cogida de la mano de Chache hacia
casa para preparar la cena a su madre.
Antes de empezar a hacer la cena
fue al cuarto a cambiarse y cuando se quitó la camiseta algo que estaba entre
su pelo cayó al suelo. Se agachó, vio que era la carta y fue corriendo a buscar
a su hermano. Con lágrimas en los ojos le enseñó la carta gritando de alegría:
-
Funcionó,
funcionó!!!
Chache, con la una luminosa y
dulce sonrisa le dijo:
-
Ves como el
mundo empieza a ser un poco mas mágico mi Niña
El tiempo y los años caminaron con
su monótono ritmo normal sin que trascurriera un solo día en el que Estrella no
se pasara la palma de la mano por su negra melena y sintiera los dedos del
mago. Cada noche, mientras estudiaba su
carrera de Derecho, acariciaba los rizos justo donde había aparecido la carta.
Unos días después de acabar la
carrera - que Chache había animado a que hiciera haciendo maratonianas jornadas
para podérsela pagar y sacar adelante a su familia - este murió por un golpe
definitivo de esa vida que lo golpeó una y otra vez, y una y otra vez se pudo
levantar, pero esta vez se quedó sin fuerzas tras luchar días y días. Estrella
abrazó a su sobrina, Diana, durante horas, no se soltaron de la mano durante días y no se
separaron nunca.
Al día siguiente de la muerte de
Chache, Diana le pidió a Estrella que le llevará a ver “donde duerme papa” y
Estrella la llevó. Compraron una rosa, una única rosa roja, y se acercaron al
cementerio. Mientras Diana se ponía de puntillas para dejar la rosa en el nicho
de su padre, ambas oyeron una voz detrás de ellas.
-
Hola
Princesita
Estrella se dio la vuelta y solo
pudo ver el perfil del Mago que se acercaba hacia Diana, lentamente le tomó la
rosa de sus manitas frías y la convirtió en una paloma que salió volando para
posarse junto a la tapia del cementerio y mirar a los tres desde la lejanía.
-
Ella vigilará
que a tu papá no le pase nada.
Antes de irse le besó la frente a
Diana, se levantó y se acercó hacia Estrella acariciándole los rizos. Cerró los
ojos y por un momento volvió a aquel escenario con el Mago cambiándole la vida,
haciéndosela mágica y regalándole la mirada de su hermano, la misma mirada que
ahora tenía Diana. Abrió los ojos y solo estaban ellas dos y el suave perfume
que dejó el Mago al desaparecer.
Ninguna de las caricias de los
hombres a los que había amado pudo jamar dejar ese aroma que le dejaron entre
sus rizos los dedos del Mago. Hasta que conoció a Carles, cuyas caricias
envolvían los dedos del Mago y ambos acariciaban su alma intentando cicatrizar
las heridas.
Con Carles vivió momentos felices,
llenos de confidencias, pero nunca jamás se atrevió a contarle que por la
noche, antes de dormir, se acariciaba los rizos y pensaba en una carta y una
paloma que vigilaba a su hermano.
Hablaron de sus familias. Estrella
le habló de su hermano y Carles de un padre al que ya solo podía ver en los momentos importantes,
pero que siempre sintió que estaba junto a él.
Llegó el momento en que Carles y
Estrella decidieron casarse y ella pidió que contrataran un Mago para
entretener a los niños, y a los adultos, durante el banquete. Carles se lo
prometió:
-
Tendrás el
mejor, pero tienes que decirme que tipo de Magia quieres que haga.
-
De la que te
hace sonreír.
Durante los preparativos de la
boda ella soñaba con que fuera su Mago quien apareciera en el banquete y que su
sobrina mirara con los ojos brillantes como desaparecían cartas y como volvía a
aparecer la inocencia en los adultos.
El día de la boda, en un precioso
jardín donde el invitado principal parecía ser el jazmín, se celebraba la boda
y, ante el retraso de algunos invitados, se llamó al mago para que hiciera más
breve la espera. El mago vino pero no era Su Mago, y mientras ella miraba los
trucos y a los niños pedir ser voluntarios para el siguiente truco oyó detrás
de ella una voz
-
Hola
Princesita
Estrella se dio la vuelta y
mientras recuperaba el aire y volvía de esa infancia que Chache le había dado,
de la sonrisa de Carles salió:
-
Hola Padre
El Mago vio rodar una lágrima por
la cara de Estrella, con la suave caricia de uno de sus dedos impidió que
cayera al suelo y sintió como la lágrima de Estrella acariciaba su propio dedo
a medida que se deslizaba por él. La besó en la mejilla y le acarició los
rizos.
- Convertir una lágrima en un beso
es el mejor de los trucos que jamás he hecho.