martes, 8 de octubre de 2013

Pequeños bocados de Tu Rostro Mañana


En Caníbal devora todo lo que le rodea y lo acompaña bebiéndose la vida.

Se nutre de literatura: Buena, mala, regular y otras lecturas inclasificables.

Salta y tararea con el rock o trata de averiguar qué tipo de almas eleva la música clásica y si dicha elevación no será más que una impostura frente al mundo. Aunque El Caníbal reconoce que nada ha conseguido jamás que su alma emita un leve latido y, ni mucho menos, elevarse con nada excepto con la inyección de poder que supone someter, matar y comerse a quien se oponga a sus designios.

Frecuenta locales donde se puede tapear arte moderno y encuentra ciertas tapas deliciosas y otras que no son más que auténtica mierda en bonitos recintos llamados museos o galerías.

El Caníbal tiene vicios tan inconfesables como tomar dosis diarias –quizá demasiado altas – de política mundial, nacional y, quizá la más tóxica de todas, local.

Pero estos días el días El Caníbal se ha atragantado, lo hace muy a menudo, con un gran plato literario: Tu Rostro Mañana construido, porque esa es la palabra, por su admirado Javier Marías de cuyos aperitivos disfruta cada dos domingos - el tercero suele flojear - en el suplemento semanal de El País.

Reconoce El Caníbal que tras tomar entre sus manos con desconfianza el volumen que contiene los tres libros que, realmente, forman la extensa obra y leer párrafos al azar debió pensárselo un poco más pero, de forma impulsiva, decidió invertir los 15 € que cuesta en su edición de bolsillo.

La rutina diaria le obliga al Caníbal a que tras la cena – también se nutre y se nutre de carne y de carne humana ocasionalmente – tome como postre algunas hojas de la obra a modo de exquisito final. Dicho postre le resulta algo pesado en el disfrute y en la comprensión quizá debido a la falta de riego cerebral que la digestión ocasiona o, y esto es muy probable, a su escasa capacidad intelectual.

El antropófago prefiere placeres más mundanos y no largos párrafos, enrevesados en ocasiones y que se deben leer en dos o tres ocasiones para alcanzar el placer que debiera. Pero, les repito, el Caníbal es muy limitado.

Una cosa tiene maravillado al Caníbal: a pesar de haber leído escasamente 100 páginas y no acabar de arrancar la historia, día sí y día también, el Caníbal repite postre a la salud de Javier Marías.

A más ver.