El Caníbal
pensaba comer algo de sushi y se está dando un atracón de hamburguesa. El
Caníbal tenía intención de pasar un simple rato leyendo los discursos de Keneddy,
su redacción y creación y es ahora El Caníbal quien se ve engullido por la personalidad
política de JFK, su visión de futuro y su mirada alta y el paso corto.
Con este - libro Discursos
(1960-1963) Una Presidencia Para la Historia, escrito por Salvador Rus Rufino - ha
descubierto que JFK era mucho más que un Presidente al que mataron en Dallas.
Ha descubierto muchas cosas.
Ha descubierto
que era un Gran Estadista: Un visionario, un líder, alguien que supo leer su
tiempo y, lo más importante, supo interpretar el futuro.
Ha descubierto a
un político que supo usar los medios a su alcance para alcanzar sus objetivos.
Un político que supo ver el futuro en la televisión, la radio, la demoscopia y un
equipo profesional identificado con su líder y su visión. Todo supo mezclarlo
con su carisma y susurrar, desde un atril, a cada votante aquello que quería oír.
Profesionalizó las campañas sin deshumanizarlas, algo que nuestros políticos –
politiquitos – solo hacen en una (pequeñísima) parte: ni siquiera son capaces
de hacer una campaña que supere mínimamente la mediocridad; sería injusto por
nuestra parte pedirles, además, que la humanicen.
Un personaje que
escribió dos influyentes libros antes de llegar a ser Presidente, justo en
estos días que nuestros ex presidentes escriben libros totalmente
prescindibles.
Dos libros que lo
encumbraron como intelectual - cuando esta palabra tenía prestigio - y
ponderado analista político e histórico. Dos libros en el que los ciudadanos
podían saber cómo pensaba y actuaba aquel al que iban a votar. (Que diferencia
con nuestros ex presidentes que los utilizan para justificarse y, de paso,
engordar sus cuentas corrientes y nosotros, los ciudadanos, deseando leer el
libro sobre Belén Esteban. Aquí penamos
todos.)
El Caníbal ha
podido comprobar el grado de excelencia alcanzado por sus colaboradores en la
redacción del discurso culminado, con más excelencia si cabe, con la escenificación
última del mismo: oratoria, gestualidad, complicidad y, sorpréndanse,
responsabilidad.
Es cierto y
justo decir que cometió errores, y algunos del bulto, pero se trata de glosar
la personalidad política de Kennedy no su presidencia. Para eso están las
opiniones y los libros de historia.
Se le puede
achacar al libro, y se lo achacan, una falta de profundidad en su desastrosa
vida personal y sentimental. El Caníbal, que buscaba un libro donde poder
comprender la figura política de JFK, le ha traído al pairo esta ausencia. Es
más, la agradece.
No puede El
Caníbal si no recomendar tres cosas:
·
Leer este libro
·
Volver a ver El Ala Oeste de la Casa Blanca
·
Visitar la
web de JFK para conocer material extra y, una vez leído y contextualizado un
discurso en el libro, ver como materializaba su magia JFK delante del público;
fuera este el que fuera.
Ahora puede decir El Caníbal que entiende
porque JFK fue un presidente que marcó una generación entera a pesar de solo 3
años de presidencia.
Muérdanle a este
libro aquellos apasionados por la política y absténganse aquellos políticos que
no les guste verse reflejados en espejos ajenos.
